El día que dejamos de pensar (y nadie lo notó)

Dependencia a la IA: lo que le estamos haciendo a nuestro cerebro sin darnos cuenta. El día que dejamos de pensar por nosotras mismas y permitimos que cualquier pregunta nos la responda ChatGPT.

Roxx Montero

5/11/20264 min read

El día que dejamos de pensar (y nadie lo notó)

Dependencia a la IA: lo que le estamos haciendo a nuestro cerebro sin darnos cuenta.

Hay una escena que se repite demasiado últimamente. Alguien tiene una duda, un problema, una decisión que tomar. Y antes de respirar, antes de sentarse un momento con esa incomodidad, antes incluso de preguntarle a alguien que sabe del tema: abre una pestaña y se lo pregunta "a Chati". La IA responde en segundos. Problema resuelto. Cerebro, guardado. ¿Sabéis a quién le estáis dando ese poder y le estáis robando esa capacidad de tener criterio propio? a los niños, a las niñas, a los humanos en proceso de desarrollo de su personalidad.

No digo esto desde un pedestal de pureza analógica. Yo también lo hago. Creo que todos lo hacemos. Y precisamente por eso me parece interesante pararse un momento a mirar qué está pasando, porque hay algo ahí que da un poco de vértigo si lo piensas con calma.

La fricción era parte del proceso

Antes de que esto existiera, resolver una pregunta costaba algo. Tenías que buscar, equivocarte, releer, preguntar, esperar, desistir y volver. Ese camino tortuoso no era un defecto del sistema: era el sistema. La dificultad era donde ocurría el aprendizaje real.

Ahora la fricción ha desaparecido casi por completo. Y con ella, una parte del proceso que nadie había valorado porque nunca había faltado: la de elaborar. La de quedarte con la pregunta el tiempo suficiente como para que tu mente empiece a trabajar en ella sin que nadie te haya dicho nada todavía.

El lóbulo frontal no se desarrolla con respuestas. Se desarrolla con el esfuerzo de buscarlas. No es metáfora. El córtex prefrontal, esa parte del cerebro que gestiona el razonamiento, la toma de decisiones y el pensamiento crítico, se fortalece con uso. Como un músculo. Y como cualquier músculo, se atrofia si no lo ejercitas. Lo que está pasando ahora es que le hemos contratado un asistente personal, y el músculo empieza a tomarse vacaciones.

No es culpa de la herramienta... "Casi nunca lo es".

Sería fácil convertir esto en una crítica a la tecnología, aunque no os voy a engañar que me da bastante pereza... lo cual ya tiene su propia ironía considerando el tema. La IA no es el problema, es una herramienta extraordinaria, y usarla bien puede multiplicar lo que eres capaz de hacer por diez. El problema es otro: hay una diferencia enorme entre usar la IA para ejecutar mejor lo que ya sabes pensar, y usarla para no tener que pensar. Y esa frontera, que en teoría parece muy clara, en la práctica se cruza sin darte cuenta, poco a poco, casi sin fricción. Qué curioso.

El momento más revelador no es cuando le preguntas a la IA cómo funciona una cosa. Es cuando le preguntas qué deberías opinar sobre ella. Ahí es donde el asunto se complica de verdad, porque una cosa es delegar la búsqueda de información, y otra muy distinta es delegar el criterio; la capacidad de tener una postura propia, de dudar, de cambiar de opinión con argumentos, de defender algo porque lo has pensado tú y no porque te lo han servido masticado. Eso no se puede subcontratar. O bueno, se puede. Pero entonces ya no es tuyo.

Lo que más me preocupa no es la dependencia en sí. Es que no duele. La dependencia de otras cosas avisa: te cansas, te frustra, te cuesta. Esta es cómoda, fluida, incluso placentera. La respuesta llega limpia, bien estructurada, con una seguridad aparente que tu propio pensamiento pocas veces tiene. ¿Por qué ibas a querer volver al caos de pensar solo?

Y así, sin drama ni ruptura, muchas personas están perdiendo práctica en algo que parecía imposible perder: en pensar por su cuenta. No en hechos ni en datos. En razonamiento. En el hábito de estar con una pregunta sin respuesta y aguantar ahí el tiempo suficiente para que algo ocurra.

No voy a fingir que tengo la solución ordenada en cinco pasos. Pero sí tengo una sospecha: que el antídoto no es usar menos la IA, sino usarla de forma más consciente. Saber cuándo la estás usando como herramienta y cuándo la estás usando como sustituto. Esa distinción, pequeña y cotidiana, es probablemente una de las más importantes de esta época.

Lo que nos jugamos en esto

Hay algo que ningún modelo de lenguaje puede darte, por muy bueno que sea. Y no es información, ni creatividad, ni análisis. Es el punto de vista que nace de haber vivido algo específico, de haberte equivocado de una forma particular, de haber tardado años en llegar a una conclusión que para ti tiene un peso distinto precisamente porque te costó llegar a ella, de no poder dormir y que una idea ronde tu cabeza formándose, transformándose, permitiéndote obtener la magia del pensamiento crítico.

Eso es lo que está en juego cuando dejamos de ejercitar el pensamiento propio. No la capacidad de responder preguntas, sino la capacidad de hacerlas. De tener una perspectiva que sea genuinamente tuya, con todas sus imperfecciones y contradicciones, y no un promedio estadístico de todo lo que la humanidad ha escrito hasta ahora, y con un tono entusiasta de vendedor de mercadillo que no engancha a nadie.

Porque al final, lo que te diferencia no es lo que sabes. Es cómo lo piensas.

Una última pregunta.. sin trampa: este texto que acabas de leer, con sus dudas, sus giros, sus momentos de pausa, ¿lo ha escrito una persona que lleva tiempo dándole vueltas a esto... o lo ha generado la misma herramienta de la que estoy hablando? No te doy la respuesta. Eso también es parte del ejercicio. ¿Será Chati?